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¡Ah! ¡Que labios mas deliciosos! Ni el "cantar de los cantares" hubiera podido describir la sublime sensación del momento. era una paradoja, y paradojicamente no habia ninguna contradiccion. Un beso tierno y salvaje a la vez; recatado y atrevido; casto y al mismo tiempo cargado de lujuria. Al principio timidamente, y despues con mas atrevimiento, nuestras manos empezaron a explorar nuestros cuerpos. Yo acariciaba su bello rostro, su cuello delicado, su espalda, sus pechos, su cintura, sus piernas; mientras ella hacia lo mismo conmigo, como dos exploradores en tierras virgenes, estabamos deseosos de descubrir cada rincon de nuestro aun inexplorado cuerpo. Nos levantamos del sillon y comenzamos